El intérprete nunca es el centro de atención.

January 29, 2013 § 8 Comments

Queridos colegas,

En muchas ocasiones he tenido que trabajar con colegas que sienten que nuestro papel  es lo más importante que está sucediendo entre las cuatro paredes en que estamos trabajando y lo demuestran con un comportamiento que en el mejor de los casos entorpece la fluidez del evento a interpretar y desgraciadamente en otras ocasiona la pérdida del cliente.   Todos saben de lo que estoy hablando: El intérprete que llega al juzgado como torero partiendo plaza y atrae para sí toda la atención que no le corresponde como intérprete, o la colega que hace que se detenga el evento y se dirige al técnico de sonido en un frenesí desenfrenado porque uno de cincuenta audífonos en que están escuchando la interpretación aquellos en un auditorio ha dejado de funcionar o tiene estática.

Muchos de estos colegas son buenos intérpretes con muchos años de experiencia trabajando a buenos niveles de calidad, pero desgraciadamente nunca han podido llevar a cabo esa transición tan necesaria entre lo que se aprende en la escuela y lo que se puede hacer en la vida real.  La verdad es que nuestro papel es esencial, nuestra función es indispensable para la comunicación entre dos comerciantes, dos gobiernos, o un juez y un acusado, pero nosotros individualmente no lo somos.  Como en todo, la interpretación es imprescindible, pero el cliente tiene derecho a buscar intérpretes que no distraigan a los participantes en una negociación, no retrasen un juicio, y no generen tensión con los otros participantes en una conferencia.

En algunas escuelas enseñan que el intérprete debe ser invisible y en otras que no debe entrometerse o entorpecer el proceso, pero pocas veces mencionan entre las razones para ello el aspecto de negocios.  Los eventos en que se necesitan servicios de interpretación son por su naturaleza costosos e importantes; el tiempo es dinero y los participantes tienen un tiempo finito y limitado para participar.

Afortunadamente, al menos en mi opinión, yo he tenido oportunidad de estar en la arena de negociación de contratos con clientes y he podido escuchar directamente la opinión del cliente sobre el intérprete que acapara la atención de los presentes: ”…esa intérprete tiene buena interpretación consecutiva, pero se tarda demasiado en rendir su interpretación, se toma mucho tiempo revisando sus notas y eso enfría la negociación. Consíganme a alguien con mejor memoria y más veloz…”   “…Ese intérprete pide muchas repeticiones y pronuncia un discurso cada que quiere que algo se modifique durante el procedimiento.  Por favor no lo vuelvan a traer, queremos a alguien que oiga bien, hable menos, y que haga sugerencias de manera sin llamar la atención…”  “…Los técnicos del equipo piden que no se contrate a esa intérprete porque interfiere con lo que es su trabajo técnico y está interrumpiendo constantemente el flujo de la conferencia…”   Todos estos comentarios son legítimos. Mis clientes me los han expresado, en ocasiones más de una vez.  Claro que esto no es nuevo para ninguno de ustedes, ya que al igual que yo, han tenido que pasar momentos de vergüenza profesional mientras una colega arma una revolución porque un receptor no está funcionando perfectamente. En una ocasión tuve la “fortuna” de trabajar con una colega que interrumpió a un ponente en una conferencia porque el receptor de uno de los presentes en el auditorio necesitó un cambio de pilas y el espectador se había perdido unos noventa segundos de la ponencia. ¡Un espectador en un auditorio donde más de 200 personas estaban usando equipo!  No pueden imaginarse la cara del ponente cuando la intérprete se dirigió al escenario y le pidió “a gritos” que se detuviera y comenzara nuevamente para que esta persona no se perdiera nada; pero sobre todo no se imaginan la expresión del representante de la agencia que nos contrató para ese trabajo.  ¡Qué vergüenza!  El buen intérprete, como ustedes y yo lo hemos hecho muchas veces, sigue interpretando, y de manera natural, poco a poco, incorpora los detalles importantes que no escucharon aquellos cuyo equipo no estaba funcionando, si es que hubo algo importante que no se escuchó, pero no interrumpe, proporciona la información de manera natural y en una manera que nadie se percata, ni quien comenzó a escuchar tarde, ni aquellos que han escuchado todo, y mucho menos el ponente y nuestro cliente.

Creo que ya es hora que nuestros colegas que saltan al primer inconveniente se calmen un poco, adapten a la vida real  lo que aprendieron en la escuela y se comporten como profesionales que saben participar en el mundo de los negocios… Y aquellos que continúen interrumpiendo los eventos o actuaciones judiciales para comenzar a cambiar audífonos, receptores, pilas, o micrófonos con un frenesí patológico, al menos van a saber porqué sus servicios no son atractivos para el cliente.  Me gustaría saber su opinión sobre este comportamiento de algunos por el que todos hemos pasado.

Cuestión de ética. ¿Qué hacer cuando el lingüista de la contraparte comete un error garrafal durante el juicio?

August 10, 2012 § 8 Comments

Queridos colegas,

Hace algunas semanas una colega intérprete judicial me platicó algo que le había sucedido esa misma semana cuando trabajaba en un juicio.  Aparentemente ella había sido contratada para emitir una opinión pericial sobre el trabajo de traducción del traductor contratado por la contraparte en el proceso judicial.  Al testificar, mi amiga señaló una lista interminable de errores cometidos por el otro traductor (que por cierto carecía de certificación o formación académica alguna) Desde luego, la mayoría de estos errores eran lo que jurídicamente se considera como errores leves: mala gramática, traducciones literales, omisión de porciones que no tenían relevancia para efectos jurídicos.  Sin embargo, algunos de los errores eran graves, inclusive un error que afectaba el resultado del proceso.

Se trataba de una violencia intrafamiliar entre dos hispanos que estaban casados.  Aparentemente, después de un acto de violencia, la policía arrestó al esposo y un juez ordenó su detención (no mencionaré la razón para negar la fianza por ser esto irrelevante para nuestra historia) hasta la conclusión del juicio.  Mientras esperaba el juicio, este acusado habló con la víctima (su esposa) por teléfono desde la cárcel, y la llamada fue grabada por el personal del reclusorio.  Durante la conversación, el hombre le dijo a la mujer que: “…simplemente ve a ver al fiscal o a la corte…y diles que te vienes a desdecir de todo lo que les contaste antes…”   The wife responded: “…está bien…mañana voy a decirles…”

Al traducir la transcripción de esa conversación telefónica, el traductor escribió: “…just go to the D.A. or the court…and tell them that you lied…”  He translated the wife’s answer this way: “…that’s fine…I will tell them tomorrow…”

Al día siguiente la mujer se presentó en el juzgado a hablar con el fiscal, y como resultado de esta traducción, la esposa, víctima en el caso de violencia intrafamiliar fue acusada de asociación delictuosa para rendir declaraciones falsas, de obstrucción de la procuración de justicia, de acusar falsamente, y de tentativa de declaraciones falsas.  Obviamente, cuando mi amiga examinó la grabación, la transcripción y la traducción del traductor de la contraparte, se percató de inmediato del error gravísimo cometido por el traductor.  En realidad, el marido le había pedido que se presentara “…a desdecir…”  esto es: “to take it back”  y no a decirles que había mentido (“…tell them that you lied…”) Obviamente, en mi opinión mi amiga actuó correctamente y ayudó a que se liberara a una persona acusada con motivo de la incompetencia de un traductor.  Es más, yo hubiera presentado una queja ante su colegio profesional para que dicho traductor sea investigado y se considere la posibilidad de una sanción de tipo profesional.  Me gustaría saber lo que ustedes opinan al respecto.

Cuando el Juez, la abogada, el policía, y hasta el perro, “hablan español”, disputan lo que dijo el intérprete, y el intérprete está en lo correcto.

June 16, 2012 § 9 Comments

Queridos colegas,

En más de una ocasión me he enfrentado a una situación en que todas, algunas, o aún peor, una de las partes en un proceso judicial hablan, o dicen que saben, español, y a pesar de que su vocabulario es más limitado que el vestuario de un nudista, y su dominio de la gramática del español es idéntica a la capacidad de un pez para correr por el campo, no dejan de interrumpir al intérprete criticando, corrigiendo, y aportando conocimientos tan sabios como la filosofía propagada por el gato que vive en el callejón detrás de mi oficina.

Seguramente, igual que con muchos de ustedes, mi carrera ha estado plagada de incidentes en que los abogados han disputado mi interpretación, no por lo que yo haya dicho, sino por haber interpretado lo que su cliente dijo.  Gramática inexistente, prosodia de tianguis,  vocabulario inventado… los he presenciado, escuchado y vivido todos.

A pesar de ello, hace algunos meses se dio en mi vida la famosa gota que derramó el vaso.  Me encontraba interpretando consecutivamente el testimonio de un demandado en un juicio federal de tipo administrativo en el cual, como pasa muy frecuentemente en este tipo de procedimientos, el Juez estaba haciendo la mayoría de las preguntas mientras los abogados participaban como espectadores.  El Juez hizo una pregunta larga, y cuando terminó, procedí a interpretar su pregunta al español; obviamente, inicié mi interpretación como siempre: ajustando la estructura gramatical del inglés a la del español para que la pregunta fuera correcta y entendible. Apenas había emitido cuatro sílabas cuando el Juez de una manera muy grosera me interrumpió y me dijo: “¡No! Interprete desde el principio todo lo que yo dije.”  Obviamente, a pesar de que me molestó muchísimo la manera en que este señor me interrumpió, respondí profesional y respetuosamente que estaba interpretando la pregunta, que apenas estaba comenzando a interpretar, y que la interpretación al español tiene que ser estructurada de acuerdo a la estructura gramatical de ese idioma.  El Juez insistió que interpretara en el orden específico en que él había hablado en inglés, palabra por palabra, a pesar de que esa ráfaga de palabras no tenía sentido.  Ni modo, lo tuve que hacer, y además, al terminar mi espantosa “interpretación,” el Juez volteó a verme y me dijo: “Por cierto, yo hablo español y así es como se dice lo que yo pregunté. Aprendí español con mi nana en la frontera.”  Estuve tentado a no volver a trabajar en ese lugar; afortunadamente mi carrera me permite seleccionar a mis clientes; pero después de pensarlo con más detenimiento, decidí no dejar que personas que hablan mediocremente el idioma en que nosotros trabajamos se apoderen de nuestra profesión.  Posteriormente tuve la oportunidad de explicar algunas reglas gramaticales a ese Juez, y tras convencerlo que no es lo mismo “negro gato” que “gato negro” se dio cuenta de la importancia de estructurar un idioma correctamente.  Yo les pregunto a ustedes: ¿Cómo han resuelto o tratado de resolver este tipo de situaciones?  No me refiero a lo que dijeron a medio juicio, estoy hablando de la manera en que corrigieron o intentaron corregir esa ignorancia. Me gustaría leer sus comentarios.

¿Qué hacer cuando nadie sabe lo que hace el intérprete en un juicio?

May 1, 2012 § 1 Comment

Queridos Colegas:

En mis años de intérprete he tenido la fortuna de interpretar en muchísimos juicios y en muchos lugares de los Estados Unidos. Algunos de esos juicios han sido memorables y otros se han esfumado en el olvido. En los últimos tiempos, por razones profesionales, mi trabajo judicial ha disminuido para dar paso a trabajo de conferencia y docencia.  Recientemente fui contratado para interpretar un juicio interesante y diferente, así que aproveché esta oportunidad para prepararme debidamente y trabajar en equipo con una gran colega.

No cabe duda que después de no trabajar en los juzgados por un tiempo se nos olvidan algunas de las realidades con las que tienen que convivir diariamente nuestros colegas los intérpretes judiciales.   El primer día del juicio mi colega y yo estábamos sentados en nuestra mesa de trabajo esperando la llegada del acusado cuando el Juez entró en la sala y desde la puerta preguntó a los abogados de la defensa: “¿Quién es ese hombre que está sentado allá?  Los abogados se miraron entre sí sin saber que contestar.  Finalmente yo fui hacia el Juez y le contesté.  Le expliqué porqué estaba en la sala y le presenté a mi colega de equipo que iba a interpretar el juicio conmigo. El Juez inmediatamente preguntó: “¿Y para qué queremos dos intérpretes?”  De inmediato le expliqué las razones y ventajas de trabajar en equipo, a lo cual respondió: “Entonces solo trabajan 30 minutos y luego descansan.”

Esto, aunado al hecho que uno de los abogados defensores no quería que estuviéramos cerca de la defensa (y estábamos interpretando para su cliente) ya que él “hablaba español y no quería distraerse” con nuestro trabajo, me hizo ver que este juicio iba a ser mucho más difícil de lo que pensaba.  Debo contarles que después de tres semanas de trabajo diario y constante en el juicio, el Juez apreció lo que hacíamos y aprendió a respetar nuestro trabajo profesional. Jamás hubo queja alguna ni comentario derogatorio, y al final del juicio salí de esa sala pensando que al menos habíamos contribuido a la educación de esos funcionarios judiciales. Ahora por lo menos sabían lo que hacíamos y habían entendido que somos profesionistas.

Fue entonces que entendí que este es el mundo en el que trabajan muchísimos colegas diariamente, me di cuenta que no todo el trabajo sucede en conferencias y otros lugares donde conocen nuestro trabajo y agradecen nuestra participación;  Recordé que antes yo también tenía que librar esta batalla constante de concientización y divulgación de nuestra profesión en los tribunales de los Estados Unidos.

Mi pregunta para todos ustedes es la siguiente:  ¿Qué hacen ustedes cuando nadie en el tribunal sabe lo que hace el intérprete en un juicio? Me gustaría comparar notas.

Where Am I?

You are currently browsing entries tagged with juez at The Professional Interpreter.